5 cosas que no debes hacer en una clase de yoga

Acaso ¿hay cosas que no debería hacer en una clase de yoga? Te preguntarás. Pues si, hay cosas que debemos evitar llevar a cabo porque son dañinas para nosotros y para quienes nos rodean. Hoy vamos a hablar de eso que en yoga se denomina Yama, lo que literalmente significa: restricción o abstención.

1) No ser violento (Ahimsa)

La amable chica o el encantador muchacho de la recepción… –vale, no todos lo son; pero a=An así– no tienen la culpa de que te haya tocado 40 minutos de tráfico para llegar allí. Tampoco la tienen tus compañeras ni quien dé la clase; de que tu jefe te haga trabajar horas de más o que hayas terminado con tu novio o peleado con tu papá(cito). Así que cuando entres a la escuela de yoga sonríe, deja el malhumor de lo pasado y definitivamente no seas violenta. Tampoco lo seas a la hora de practicar, porque es allí cuando surgen las lesiones.

2) No mentir (Satya)

Siempre que llegan personas nuevas a mi clase, comienzo un taller o inicio un grupo, pregunto si hay alguien que tenga poco tiempo en la práctica de yoga, o si de plano es su primera clase. También si alguien presenta alguna lesión. Y no, no lo hago por metiche, lo hago para saber qué posibles modificaciones necesito hacer o qué cuidados tener en la clase que voy a dar.

Pero aunque no lo crean (guiño, guiño – codazo, codazo) por extraño que parezca casi siempre recibo un silencio como respuesta y cuando no, quien se atreve a hablar es para decir algo así como: “hace unos años hacia yoga diariamente –con cara de creérselo– pero no volví y ahora quiero retomarlo” con lo cual al inicio me digo a mi mismo; “¡órale, que coolque haya vuelto!”, hasta que veo las tres primeras posturas… porque o había ido a la peor escuela de yoga del mundo o me está mintiendo. ¿Qué necesidad tenemos de mentir? Nadie te va a decir: “eres tal o cual por no haber hecho yoga antes” de hecho es muy probable que a nadie le importe, más que al maestro que sólo quiere ayudarte a que practiques sin lastimarte y que estés bien.

3) No Robar (Asteya)

Esto es muy fácil, básicamente no tomas lo que no te pertenece. Por más que veas ese ¡HEeeRrrrmoso! tapete color turquesa que siempre has deseado de 3mm de espesor, ¡tan ligero como Emma Stone y con un agarre perfecto, que sabes que prácticamente va a hacer las posturas por ti! Arrimado y po lvoriento. De cinco minutos olvidado en una esquina o apoyado en el banco al lado de donde estás sentada calzándote los tenis, no lo tomes, no es tuyo. Déjalo allí o entrégalo en la recepción, seguramente a quien pertenece querrá recuperarlo pronto.

Tampoco abuses del tiempo de tu maestra con banalidades, muy probablemente tenga que salir a toda prisa a dar otra clase en algún lugar de la ciudad.

Y mucho menos permitas que tu mano se deslice en la bolsa de alguien, nunca sabes lo que puedes encontrar.

4) No atesorar o no ser posesivo (Aparigraha)

Tengo una alumna muy querida, a quien llamaré “Lupita”. Cada vez que llega a clase coloca su tapete en el mismo lugar: la esquina posterior derecha del salón, donde ella cree que ni yo ni nadie la podemos ver. Implícitamente para el resto del grupo ese es su lugar y nadie extiende su tapete allí, aunque más bien creo que tienen miedo de hacerlo porque guarda ese lugar cual simha (león), como si de ello dependiera que su jornada fuera bien.

Un día por muy temprano que suele aparecer, llegó más tarde que otra alumna, una nueva quien sin saber, ya oc upaba su sitial. Me encantaría que la hubieran visto; parada a un lado con la cara y el cuerpo pesado. Pensé que iba a darse la vuelta e irse, en eso la usurpadora volvió a verla y sonrió sin tener la menor idea de lo que pasaba. Un tic empezó a brincar en su rostro. Di inicio a la cuenta regresiva para ver el tiempo que tardaba en dar el alarido o desplomarse, lo que sucediera primero. Pero ya me dio pesar y le dije que no atesorara su lugar, que lo soltara y tomara otro que la clase ya iba a comenzar. Así como Lupita, son muchos los que atesoran sus lugares, sus bloques, sus cinturones, sus, sus, sus… y tanto atesoran que muchas veces dejan a sus colegas sin lo necesario para la práctica.

Yo mismo solía atesorar esos espacios, esas cobijas y bloques hasta que la vida me ens eñó que al acumular, me apego y al apegarme es más fácil sentir el sufrimiento cuando tarde o temprano como a Lupita, lo que atesoro ya no esté.

5) Vida de celibato o continencia (Bramacharya)

Explícitamente he dejado este apartado para el final porque si no, muy probablemente no hubieras leído el resto. Y lo sé porque muchos de los practicantes de yoga cuando sienten que se les va a hablar de Bramacharya, desaparecen como por arte de magia. Es como si desarrollaran poderes o alguna habilidad que les permitiera saber que ese es el tema que sigue. ¿Es que acaso piensas que te voy a decir que no vayas a clase a ligar, o que no le pongas el cuerno a tu pareja? Pues no. Digo, en clase no vas a ligar básicamente porque la idea es que estés sintiendo tu cu erpo, no viendo el tríceps o las nalgas de al lado. Pero lo que hagas al respecto una vez que estás fuera es cosa tuya.

En fin, que Bramacharya es mucho más que el simple hecho de no tener relaciones sexuales. Tiene que ver con la energía sexual y como la utilizamos. Pero este es un tema amplio para el cual las 1000 palabras que tengo en este espacio, no dan a basto.

Originalmente publicado en http://www.estoespurpura.com

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